Cada gota de honestidad cuenta

Por Luis Arango*
Gerente general de PCP, Partes y Complementos Plásticos.

Muchos amigos y conocidos me han cuestionado por qué la empresa que lidero está abanderando el tema de productos honestos desde hace algunas semanas. No entienden por qué PCP, una empresa que produce válvulas y acoples para el control del agua, se mete en un tema que aparentemente no le compete. Y mi respuesta es siempre la misma: ¿acaso a quién no le afecta la honestidad de lo que fabrica o, aún más, de los productos que compra?

Para nosotros, el cuidado del agua es una de nuestras mayores motivaciones como empresarios. Y también nos ha servido como metáfora para explicarles a nuestros públicos de interés la obsesión por los productos honestos.

Supongamos que nuestro país es como un gran río. Tristemente, uno muy contaminado por la corrupción creciente, que lo ha llenado de podredumbre. Los políticos, contratistas, empresas privadas e incluso los individuos con sus acciones han lanzado toneladas de corrupción a ese río de honestidad, que alguna vez fue limpio y claro.

Un político corrupto que entrega un megaproyecto a cambio de una jugosa comisión le lanza un camionado de corrupción al río. Un mecánico que compra repuestos robados para instalarlos como nuevos le lanza varios baldados de suciedad. E incluso la persona que se salta una barrera para colarse y no pagar un bus le está aportando un vasado de deshonestidad al río de Colombia. Las cantidades pueden ser distintas, pero el efecto final para la sociedad es el mismo.

¿Cómo hacemos, entonces, para descontaminar ese río que se nutre, no sólo de acciones corruptas e ilegales, sino de una cultura que muchas veces premia al que se salta las normas y al avivato que no se deja pillar?

Nuestra respuesta es que la única forma de limpiarlo es comenzar a echarle agua pura, para comenzar a clarificar esas aguas negras de corrupción. Lo clave aquí es entender que cada gota cuenta.

Comencemos por lo que nos corresponde. No exigiendo que los políticos corruptos cambien, porque no lo van a hacer fácilmente. Cambiemos nosotros. Si la gente deja de tirar baldados de corrupción al río y comienza a echar gotas de honestidad, seguro que vamos a ver un cambio, así sea lento. La invitación es sencilla: ¿usted es de los que odian la corrupción política y sus efectos nocivos para nuestro país? Pues no la reproduzca en su entorno empresarial o personal. Piense más bien cómo empezar a generar esas “gotas de honestidad” desde su actividad diaria. No se cuele en una fila, no se copie en el examen, no venda productos deshonestos.

Yo, como empresario, invito a las empresas grandes y pequeñas del país para que asumamos esa bandera. Una gota de honestidad es fabricar productos honestos, no sólo en términos de calidad, sino de transparencia en su fabricación, de producción limpia ambientalmente y de respeto por los clientes e intermediarios que confían en nuestra empresa.

Otra gota de honestidad es no pagar comisiones para ganar negocios de manera fraudulenta, no piratear productos que estén protegidos por las leyes de propiedad intelectual y no ejecutar maniobras de competencia desleal.

Y así, entre gota y gota de honestidad empresarial, vamos a ir limpiando ese río sucio que estamos alimentando con tanta corrupción.

 



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